Pixeles heridos para una realidad sangrante

Esta guerra nacional es ante todo, un bombardeo mediático; basta una balacera en alguna carretera de Michoacán o un cadáver en Guerrero para que millones de personas entren en pánico desde la comodidad de su casa. Los medios de comunicación oficiales extraen meticulosamente las imágenes con las que se construye esta historia y omiten la información que no les conviene que se conozca, las imágenes más crudas provienen de blogs, redes sociales y videos comunitarios, testimonios muy lejanos que dimensionan la complejidad de este problema. Ya sean las imágenes crudas de la red o las historias maquilladas de los medios, México hoy se debate en un estado de impotencia, de abandono ante un enemigo "abstracto" que lo puede todo, desde matar a sangre fría, hasta erguirse como poder supremo al que la clase política solo puede responder servilmente.

La pieza de Fernando Llanos extrae con ganzúa los episodios más escalofriantes de esta guerra audiovisual para confrontarlos con el testimonio inteligente y aséptico de un hombre de negocios, que a todas luces logró escapar del negocio del narco. No es extraño que la forma en que construye Llanos es confrontando esa serie de imágenes brutales que, por su carácter mediático, parecen extraídas de cualquier película de ficción con el testimonio de un personaje que rara vez aparece a cuadro. La yuxtaposición de estas dos visiones en un mismo espacio-tiempo obliga a la reflexión sobre las otras facetas de la violencia y la guerra del narco, que difícilmente se abordan desde los medios.

En terapia se sugiere al paciente dejar de enganchase con las especulaciones y tener cuidado con las señales que la mente lee cuando se siente amenazada. El paciente debe apegarse a los hechos y no a la imaginación. En la pieza "Adentro, el enemigo está en casa", Llanos nos muestra estos dos mundos proyectados en el pasillo de acceso al museo. Nadie puede escapar este tránsito, de la misma manera en que nadie en este país puede evitar toparse con esta realidad al cruzar la puerta de su casa o encender el televisor. Sin embargo, el artista hace uso de un recurso tecnológico que suprime la posibilidad de ver con detenimiento las imágenes ultra-violentas pues, la sola presencia del usuario hace que estas desaparezcan de la vista. El acto de suprimir la versión "gore" cada vez que aparece el espectador, implica un ejercido sano de evadir el lugar común de lo sanguinario y obliga a adentrarse en un mundo donde la violencia y las drogas se significan desde su relación con la explotación, la ambición y el poder. Diría Paracelso: "la dosis hace al veneno".

La línea argumental es muy simple, a nuestro país le hace falta un terapeuta que le enseñe a ver el problema de la violencia no solo como una serie de imágenes teñidas de amarillo que nos llenen de temor, hay que empezar a conocer el problema a través de datos, testimonios y argumentos para poder involucrarse en la solución.

A. Salomón
Agosto 2013

 
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