Complicaciones chilangas en video |
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Como trabajador de la imagen videográfica me interesa el proceso de construcción local, la complejidad de los discursos implicados en producciones horizontales y el fenómeno de la re-significación personal. Prefiero eso a la discusión del etiquetado a posteriori o el de especulación ontológica. No publico teorías, hago videos. Mis videos tampoco ilustran teorías, ni mis curadurías se sostienen puramente en filosofía. Me sorprende del mundo del arte aquello que no habla del mundo del arte. Desde las vanguardias, la historia del arte moderno esta lleno de subsecuentes cancelaciones de valores y banderas, seguido de sus correspondientes y renovantes propuestas de nuevas tendencias y líneas de trabajo. Todo se ha ido despanzurrando y mezclando gracias a la velocidad del mundo en el que nos tocó vivir. Si bien con el arte moderno la novedad se vendía bien, con el arte contemporáneo se vendió tan rápido y tupido que se desarticulo la noción evolutiva de sus valores. Se fragmento en muchos nodos que a veces queremos juntar sin saber porque: la apabuyante posmodernidad nos revolcó por sorpresa. Pero no por eso se ha muerto el arte, el deporte, o la música o la ciencia. Todo lo contrario, se han salpicado unos a otros en sus diversos campos. Y esto ha creado pequeños caldos de cultivo inter y trans-diciplinarios que es lo que creo vale la pena voltear a ver. Si el arte es un cadáver, lo que se gesta en él, la vida que se da en su podredumbre es definitivamente más interesante que solo discutir que tan muerto esta el cuerpo. Esta curaduría, estos videos, prefieren transferir el punto de discusión a esa otra latitud: aquella que habla de la vida que da dicha muerte, si es que damos por hecho que el arte murió. La muerte como estado de transición, que vuelve a dar vida, otra, ajena a la que desaparece, pero que como siempre hemos sabido, se ha ido re-inventando. Esta es la manera en que hablaremos de transferencia en este proyecto. Hablar de transferencias puede estar vinculado a varias cosas, operaciones bancarias, a procesos psicoanalistas, pero sobre todo en nuestro medio a cambios de formatos de video. Cuando uno hace un transfer de un formato a otro, lo hace por dos sencillas razones, la primera: para poder mejorar el respaldo del material que se tiene, y la segunda: para poder insertarse en otros formatos ajenos al de su creación: tele, cine, web, etc. Aclaremos que sea cual sea el motivo de la transferencia, las nuevas posibilidades no cancelan las pasadas. Es decir, hablemos de ampliar el espectro creativo, en lugar de cancelar algunas de sus aristas. Si algo nos ha dejado claro a la gran mayoría la globalización es que somos muchos y no todos entendemos lo mismo, ni tenemos porque decodificar o apreciar lo mismo. Hoy en día quizás los más cercanos a ser conscientes de la velocidad con la que se crean, diluyen, consumen y popularizan las propuestas artísticas de punta son aquellos artistas que trabajan con tecnología. Por dos sencillas razones: La primera, porque nos encontramos más alejados del mundo del mercado del arte, no hay coleccionismo y el público es más de masas que especializado, fenómeno que nos vincula a veces con el espectáculo o el entretenimiento y con lo efímero de estas esferas. La segunda, porque profesionalmente estamos vinculados directamente a herramientas que se actualizan constantemente. Para mi esto nos da la deliciosa ventaja de pensar en otros términos, digamos algo más flexibles. Si a esto le sumamos que el medio del video ha sido altamente efectivo hoy en día en ampliar conciencias y generar catarsis más allá del mundo del arte, confirmamos la potencia de su naturaleza per se. Hoy en día la memoria de nuestra especie se almacena en este formato y su uso, independientemente de su intención artística o de su inserción en el mundo del arte, nos sorprende y maravilla. Desde el periodismo ciudadano ejercido desde los teléfonos celulares y capitalizado por las televisoras (1), los video-escándalos (2) que en nuestro país hace años cimbraron los círculos del poder, los entretenidos casos de pornografía amateur donde se implican personalidades de la farándula televisiva y que rebasan los círculos de las buenas costumbres (3), hasta los webcast emitidos de la invasión por los E. U. a Irak. Todo esto y más nos recuerda lo vivo que es un medio tan democratizado como el video. Pero y bueno, ¿Cómo se puede competir desde la creación artística contra la espectacularidad del evento de apertura de unos juegos olímpicos? ¿Cómo se compite en la manera en que se plantean unos argumentos contra la contundencia de un acto como el del 11 de septiembre en N. Y.? ¿Cómo se resalta una producción en un contexto internetístico donde se suben 65, 000 videos al día (youtube.com) y 2, 000, 000 de fotos al día (flicker.com)? Lo mejor de todo es que no creo se deba de competir, pero si debemos de partir entendiendo que no se pueden abordar nuevos modelos con viejas estrategias. La catarsis poética del modelo guerrillero con servicio a domicilio (P2P) rompe el modelo de jerarquía vertical y nos presenta modos de consumo de experiencias estéticas más personales, locales y vinculadas a consumos reales. Menos especulaciones y mayores demandas directas. Ya lo decía Francois Truffaut desde 1957: "La película del mañana va a reflejar a la persona que la hizo y el número de espectadores será proporcionalmente al número de amigos que el director tenga. la película del mañana será un acto de amor". No hablemos de la muerte del arte. No hablemos ni siquiera de arte. Hablemos de creaciones, hablemos de fenómenos que podemos observar, registrar y compartir. Hablemos de como esto se puede vincular a la sociedad y cuales pueden ser sus implicaciones políticas. Y si habremos de teorizar, que sea sin perder nuestra realidad como medida. Quizá lo mas prudente sería dejar que las piezas hablen por si solas primero, dejar que los videos hagan su trabajo y detonen lo que tengan que detonar, sea cual sea su apuesta, si tiene la suficiente poesía, transferirán cosas nuevas en nuestras mentes y vísceras, complejizando y enriqueciendo así nuestra vida.
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