Fernando Llanos es uno de los nodos del arte y el video en México.
Al mismo tiempo productor y catalizador, Llanos entiende su compromiso
con el video como una tarea comunitaria. Llanos se apresta por igual
a articular la protesta contra los abusos de la política
cultura (cuando es necesario) que a cumplir las funciones de embajador
ex-oficio de la producción electrónica chilanga. En
buena medida, esa plurifuncionalidad es resultado de una práctica
artística centrada en la formulación de estrategias
de producción y consumo más que en la simulación
de una identidad estilística. Fernando Llanos se hizo notar
hacia fines del siglo pasado cuando martes a martes, con una regularidad
preocupante que él disfrazaba de servicio ciudadano, enviaba
por correo electrónico un video: pequeñas ficciones
en “quick time”, pasajes de un diario hecho de imágenes
en movimiento, simulacros de comerciales sin producto o películas
caseras sentimentales. Llanos sostuvo el proyecto de video-mails
semanales por un año entero, como para demostrarnos que consumir
video de una manera cotidiana era una manera de construir una comunidad
de uno o dos minutos. Ese “espameo” bienvenido era al
mismo tiempo un performance de edición, una cita tan puntual
como ir al analista y un discreto sabotaje de la velocidad y eficacia
de nuestras vías electrónicas de comunicación.
Con el mismo ímpetu, Fernando ha ido explorando otras vías
de hacer propaganda a la doctrina de concebir al video como una
expresión instantánea, sin más pretensiones
o aureola que el disfrute de una taza de café instantáneo:
Llanos mantiene un sitio de red que funciona como una especie de
mercado y ágora de la comunidad de los productores de video
de bolsillo (www.fllanos.com), recorre el mundo invitado (o invitándose)
a centros culturales y museos para presentar selecciones de video
Hecho-made en-in México, y recientemente, se ha dado a notar
con sus colaboraciones de video/disk jokey concretista con el músico
Enrique Greiner, en las acciones/ediciones/palomazos titulados memory
full / memory fool, donde efectúa el montaje de fragmentos
visuales y sonoros de un territorio determinado en presencia de
la audiencia, a fin de restaurar al proceso de edición la
frescura de una improvisación. “Consuma video”,
el lema de Llanos, refleja de cuerpo entero esta estrategia de insertar
el video en nuestra canasta de fantasías básicas.
Todo sea por contribuir a la hiperfinlación del pixel.
Cuauhtemoc Medina
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