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Autorretrato en un pixel
Por Francisco Reyes Palma
De manera sorpresiva, hace un año arribó a mi buzón electrónico un primer video de Fernando Llanos, trabajo marcado por el accidente visual capturado en cámara: el ataque de hipo que asaltó a la modelo recostada. Para entonces resultaba impensable que el experimento desembocara en una estrategia artística y comunicativa tan compleja.
La propuesta mediática de Llanos, nacida tanto del “instinto de forwardear”, como del impulso a resistir la inmovilidad impuesta por el “Hoy no circula” de la regulación urbana, lo llevó a desplazarse por medio de la computadora, sustentado en un género epistolar electrónico que pronto mostró su permeabilidad tecnológica, y su capacidad de asimilar el proceso productivo del arte dentro de un mecanismo único.
Centrado en la expectativa de desarrollar un laboratorio experimental para técnicas de video, e incursionar en problemas de secuencia narrativa con una perspectiva multisensorial (imagen, texto y sonido), este artista generó un ámbito digital de exhibición, el videocorreo electrónico (vce), el cual contiene su propio aparato difusor, crítico, publicitario, con lugar aun para el manifiesto y las consignas afirmativas de la disciplina fílmica que tanto obsesiona al artista. Y alcanza para dejar margen al juego: el envío del recado banal, del apunte biográfico y del testimonio del ligue ocasional. Asimismo, el sistema actúa como rastreador de los efectos receptivos en el usuario-espectador, y es capaz de autoreproducirse por medio de cadenas que reenvían, de manera espontánea, la información-obra a otros usuarios. En forma tangencial también dispone de avisos oportunos, y cada tanto nos refresca la memoria sobre la existencia del site del artista, dimensión externa del yo.
En gran medida, el motor de la propuesta que llevó a Llanos a inundar la red con videos, nace de una tendencia autorreferencial. Basta con abrir Línea (vce-41, 50 segundos, 15/05/01), donde un trazo de lápiz desemboca en la “F”, inicial del nombre propio; apoyada por la reiteración contenida en la fecha del registro: “ma YO”. Más patente aún, es el caso de Egocentrismo (vce-28, 8 segundos, 13/02/01), donde la pantalla del Quick Time se multiplica en abismo, al compas recitativo del “yo, yo, yo, yo...”. Todavía en uno de sus últimos videocorreos electrónicos, Omh (vce-46, 7 minutos, 26/06/01), Fernando Llanos, insiste en recordarnos su yo móvil. Aquí la referencia a sí mismo resulta más sutil. El om refiere al sonido primordial donde el mundo se origina, asociado a los giros acústicos del sufismo, los cuales acaban por sumirnos en el silencio; del mismo modo que la mandala electrónica, el vórtice geométrico, se disuelve en un único pixel, la modalidad más sintética del autorretrato de Llanos. Desaparición en el vacío, en la interioridad de una exterioridad, esa superficie lisa del medio electrónico, mientras resurge en la entrega de la semana siguiente; entrega que a lo largo del año se ha transformado en una irrupción esperada, un quiebre de rutinas, un lapso líquido que refresca la mirada.
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TEXTO PUBLICADO EN ALGÚN PERIODICO CHILANGO, JULIO 2001, MEXICO D. F. |
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