Videoman

Por Mauricio Alejo

A diferencia de los demás mortales, Videoman tiene un superpoder: el de hacerse notar. Esta habilidad, que es un estorbo si se quiere combatir el mal, resulta ser la fortaleza de su proyecto. Desde este protagonismo, que es implícito pero también asumido y fabricado, logra la disolución del espacio tradicional de proyección. Se apropia del centro y lo vuelve móvil. Este nomadismo es el que disuelve la autoridad que impone en el espacio cualquier proyección, la atención del espectador obligadamente se concentra hacia lo proyectado.

Para el “público” accidental que participa en el espacio que propone este "superheroe" no hay frente, ni detrás. No hay jerarquía de atención; lo proyectado y el proyectador son igualmente inusitados. Tampoco existe un lugar privilegiado para atender el evento, ni un principio o fin necesarios. Existe, eso si, la conciencia de una proyección que incluye al hombre que la genera. Para Fernando esto implica en última instancia una toma de responsabilidad del mensaje a nivel de tierra. No es en vano notar que al evento que produce Videoman no se asiste; se es parte de él. Se inventa junto con todos los presentes.

La bicicleta es una extensión natural de este nomadismo. Una prótesis signo de la conciencia que tiene del traslado y de su costo ambiental. Pedalear generando la energía necesaria para proyectar es una actitud que propone cierta responsabilidad, necesaria hoy en día hasta en las artes electrónicas.

En este proyecto de video intervenciones también existe una reformulación de la idea de público. Videoman es móvil pero también lo es quien atestigua la proyección; El espacio de encuentro es transitorio. De este modo el que participa queda a sus propias expensas; primero, para asumirse como público y después para definir que tipo de experiencia está teniendo.

Esto sin duda es una revitalización del espacio público; una participación que lo hace dúctil; una experiencia crítica y una reconstrucción colectiva.